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jueves, 4 de noviembre de 2010

La leyenda de Tolagay

Esta leyenda ocurrió en tiempos en los que sobre las estepas de Saryarka, sólo existían algunas tribus nómadas. Vivían en la abundancia, con felicidad y riqueza, pero lamentándose de no tener ningún batyr que protegiera su prosperidad.

Fue entonces, cuando nació un niño en una de las familias nómadas, con un escudo de oro dibujado en su cabeza. Extrañados ante algo tan insólito, se reunieron todos y comenzó una gran fiesta para celebrar el nacimiento del pequeño batyr.

El niño creció a pasos agigantados y después de algún tiempo, se convirtió en un valiente y fuerte batyr kazajo.

Su familia, para no atraer la mala suerte sobre él, decidió no llamarlo por su nombre real e inventaron para él un nuevo nombre, Tolagay.
En un año especialmente difícil, las estepas no recogieron ninguna lluvia, el suelo estaba seco y el calor se hizo insoportable. Los nómadas se reunieron para pensar en cómo librarse de este desastre y un sabio anciano dijo dirigiéndose a Tolagay:

-Querido Tolagay, vivimos en una zona abierta, no hay montañas a nuestro alrededor donde puedan formarse nubes, y por tanto, nunca tendremos la lluvia que tanto necesitamos.
En ese momento, Tolagay respondió al anciano:

- Si me es permitido, yo traeré a mi vuelta una colina para nuestro pueblo.

Entonces el anciano dijo:

-¿ Puedes hacerlo? Eres la luz de nuestros ojos, Tolagay, piensas en tu tierra natal, tu pueblo y te preocupas por nosotros. No es nada fácil traer hasta nuestro pueblo una montaña.

Tolagay respondió:
- En el sur hay grandes montañas, pido permiso a nuestros mayores para irme y ayudar a nuestro pueblo.
El anciano le bendijo y le deseó un feliz viaje.

Tolagay se dirigió a las grandes montañas de Alitau y éstas le dieron la bienvenida. Contó a las montañas su deseo y estas le complacieron, colocando sobre sus hombros una montaña joven, casi una montaña niño.

Así se fue Tolagay, llevando la colina sobre sus hombros, caminando al principio sin grandes dificultades.

Pero a medida que caminaba, la montaña se hacía más pesada y Tolagay se sentía cada vez más débil. Tomó mucho tiempo al guerrero caminar lentamente hasta su casa, llevando con cuidado la joven montaña sobre sus fuertes hombros de batyr.

Tolagay, muy cansado y débil y nada más llegar al borde de su tierra natal, se quedó dormido, y la montaña que llevaba sobre sus hombros lo aplastó, quedando enterrado bajo ella para siempre.
Desde entonces, cuenta la leyenda que Tolagay, el valiente batyr, duerme bajo la gran montaña que ahora lleva su nombre.

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domingo, 21 de febrero de 2010

La leyenda de Okzhetpes y Zhumbaktas en Kostanay

Esta leyenda ocurrió hace mucho, mucho tiempo, cuando los pueblos nómadas de Kazajstán y los Kalmyk se enfrentaban en las estepas kazajas.
Un valiente batyr llamado Abylai Khan llevó a cabo un audaz ataque en la invernal Kalmyk, incautando un enorme botín: rápidos caballos kalmyk, oro, plata y armas.

Poco después, los guerreros se detuvieron a descansar en uno de los lugares más hermosos de la estepa, llamado Burabay, para dividir el botín entre ellos.

Allí vieron a una joven muchacha Kalmyk que poseía una belleza sin igual y tres valientes batyres fijaron sus ojos en la hermosa joven.
Todo el botín fue compartido entre los batyres de Abylai Khan, pero no pudieron llegar a un acuerdo sobre quien se llevaría a la hermosa muchacha.
Mahmudzhan, el guerrero, dijo: "¡La muchacha debe pertenecerme a mí, porque soy un valiente batyr!"
Zaurbek, el guerrero, dijo: "Supongamos que tú, Mahmudzhan eres el más valiente, pero yo soy el más fuerte batyr y la muchacha debe pertenecerme!"
El guerrero Meyrambek sentenció: "¡ No discutais vosotros dos, yo soy el más viejo, así que soy el más valiente, poderoso y ágil batyr! ¡Yo me llevaré a la muchacha!"

Los valientes guerreros de Abylai Khan, discutieron durante largo tiempo, pero no pudieron decidir quién se llevaría a la muchacha. Cada uno de ellos era un hombre valiente e inteligente y todos pretendían a la hermosa joven kalmyk.
La discusión creció entre los batyres y para que no surgiese la enemistad entre ellos, Abylai Khan decidió intervenir en la controversia.
Abylai Khan dijo: "¡Dejad de discutir! Que esta hermosa Kalmyk elija al batyr que desee."

Hermosa y audaz, quizá la bella joven Kalmyk se hubiese resignado a su destino y daría su corazón a uno de los valientes, pero ella amaba intensamente a otro y no deseaba vivir sin libertad, como un pájaro enjaulado.
La muchacha los miró y dijo: "Cada uno de vosotros es un valiente y fuerte batyr y merece que yo le pertenezca, permítame sabio Abylai Khan, que sea yo quien establezca un duelo entre sus batyres.

Subiré a lo más alto del acantilado llevando en mis manos un pañuelo y aquel que lo atraviese con su flecha, me tendrá para siempre ".
Los batyres consintieron el duelo. Cada uno de ellos era un preciso tirador y podría decidir su destino con su flecha. El primero que decidió probar fue Mahmudzhan. Tomó su arco, tiró de la tensa cuerda , pero la flecha no voló a la cima de la montaña. Meyrambek intentó probar suerte después y antes de llegar a la cima, su flecha perdió fuerza y quedó atrapada entre las rocas.
Tampoco pudo alcanzar con su flecha el pañuelo el batyr Zaurbek. Ninguna de las flechas de los batyres llegó a su destino.

Los batyres discutían de nuevo a quien pertenecería la bella muchacha. Pero entonces, la muchacha kalmyk, siguiendo a su corazón y a su libertad, y segura de que debía pertenecer sólo a aquel a quien verdaderamente amaba, se arrojó inesperadamente desde el acantilado y se hundió para siempre en las aguas del lago.

Cuenta la leyenda que en él apareció la roca que los kazajos llaman Zhumbaktas, de formas similares a la hermosa muchacha kalmyk y el alto acantilado recibió el nombre de Okzhetpes, que significa "donde la flecha no alcanza".

Con mucho cariño para Kristina, Diana y la pequeña Aigul, para que siempre recuerden el país en el que nacieron.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La danza de los abedules

Al pie de las montañas de Burabay, vivía un pueblo de jóvenes nómadas kazajos entre los que cuenta la leyenda, se encontraban un sorprendente número de músicos, poetas y compositores. Se reunieron en la parte oriental de Kumiskolya, en el llamado Lago de Plata y en un pequeño claro del bosque ,organizaban sus juegos y diversiones. Cantaban melodías con sus kobyz y bailaban poseídos por la música, durante los días y las noches de invierno.

El que hubiese tantos jóvenes llenos de talento en esta región llegó a oidos del Khan, que intrigado, quiso conocerlos. Pero no podía ir seguido de su gran séquito, ya que entonces los jóvenes tendrían miedo de él. Fue por eso que el Khan decidió aparecer en los bosques del Lago de Plata pasando inadvertido, para conocer su verdadero talento.

En el pequeño claro del bosque, los jóvenes tocaban sus canciones en sus kobyz y bailaban o jugaban y el Khan, vestido con ropas comunes, se acercó a ellos entre la multitud y miró lo que sucedía ante sus ojos. Nadie se dio cuenta de su presencia.
La diversión estaba en pleno apogeo cuando llegó el turno a la danza. En el claro del bosque danzaban las muchachas kazajas, jóvenes y verdaderamente hermosas, brillantes como la luna llena, vestidas con sus ropas de seda blanca.

Se pusieron a danzar y a girar siguiendo el sonido de sus kobyz. Sus vestidos blancos se elevaban en el aire al ritmo rápido del baile. Todos los que allí estaban quedaron absortos, enamorados de su danza, su respiración y su ritmo.

El Khan estaba tan fascinado por el alegre espectáculo que sin darse cuenta exclamó:
" ¡Excelente, que viváis mil años, queridas jóvenes!

Fue en ese momento, cuando la multitud se volvió hacia el orador y reconoció en él al Khan. Todos corrieron a saludarlo.
Las jóvenes bailarinas, confundidas y llenas de vergüenza por sus blancas y transparentes ropas de seda y aún poseídas por el baile, no supieron adonde ir.

Se detuvieron inmóviles en la posición en que se encontraban cuando el Khan habló sin atreverse a hacer ningún movimiento, arropadas por los altos árboles y la nieve que rodeaban el lago.
Cuenta la leyenda que fue entonces, cuando el gran Dios Tengrí decidió capturar ese momento para siempre, convirtiendo a las jóvenes que giraban en el torbellino de su hermosa danza, en blancos y
altos abedules cubiertos de nieve.
Dice esta antigua leyenda, la Danza de los abedules, que todo aquel que entra en Borabay, en
el norte de Kazajstán, debe adentrarse en los nevados bosques de abedules para mantener viva la memoria del pueblo kazajo.


Esta leyenda me pareción tan bonita que no me decidía a quien dedicar este post! Así que decidí compartirla!

Para Kristina, la princesita venida de la nieve y de los altos bosques de abedules, con todo mi cariño para ella y sus papás.

Para Leyre Aigul, Miquel y sus papás, a quienes deseo una vida llena de hermosas historias por escribir.

martes, 16 de febrero de 2010

El batyr Zheke, una leyenda kazaja para Nachete

Entre las tribus nómadas que pastoreaban sus rebaños en las tierras de Kazajstán, dicen que hubo un guerrero batyr, tan grande y orgulloso que parecía una montaña.
No tenía amigos ni necesitaba un ejército de valientes guerreros que le acompañasen y luchaba solo contra todos sus enemigos.
Fue por eso que la gente le llamaba Zheke el batyr, el guerrero solitario.

Mientras vivió, defendió con fuerza a su pueblo y ningún enemigo se atrevió a conquistar las estepas de Kazajstán. Zheke el batyr tenía un arco tan alto como una montaña, que alcanzaba el cielo y su flechas, largas como un abedul, podían recorrer largas distancias y alcanzar a sus enemigos.

Llegó el tiempo en que los enemigos atacaron al batyr Zheke como una nube de hormigas y comenzó una batalla, que se divisaba a lo lejos como una enorme luz sobre la estepa, desconocida hasta entonces.
Pero las flechas no atravesaban la armadura del valiente Zheke, que rebotaban en su armadura de hierro matando a sus enemigos.
Aún así , en una batalla sin precedentes, llegaban más enemigos que lanzaban nuevas flechas de acero.
Pero nadie asistía al batyr, que contínuaba luchando mientras la sangre fluía de sus heridas para vencer al enemigo. Ese era su carácter kazajo, él era un valiente batyr.

El día se convirtió en noche y la noche en día de nuevo y Zheke, el incansable guerrero, seguía enfrentando un ataque tras otro.
Sabía que tras él dejaba pueblos indefensos de niños y ancianos nómadas. El guerrero Zheke disuadía a los enemigos sin dejarlos llegar a su tierra nativa.

Allí reunío sus últimas fuerzas y su furia y se abalanzó sobre su enemigo, tratando de infltrarse en el centro de su ejército.
Con la certeza de que ese sería su último intento, el batyr Zheke gritó "¡ No dejaré que nuestros enemigos lleguen a nuestra tierra, me convertiré para ellos en una montaña inexpugnable!. "

Y así fue como el batyr cayó entre dos montañas que se unieron para convertirse en una fortaleza inexpugnable que durante siglos, ha impedido a los enemigos llegar a la estepa de Saryarka.
Zheke el batyr desapareció entre aquellas montañas, conviertiéndose en una altiva y orgullosa colina en tierras kazajas.
Desde lejos, al mirar la montaña, aún puede verse su casco batyr, sus cejas pobladas, su gran barba, su pecho de hierro y sus poderosas piernas con botas de cuero.

Para Nachete, Diana y sus papás, Mercedes y Eduardo, que nacieron por segunda vez en la lejana Ust, con todo mi cariño.

domingo, 13 de diciembre de 2009

La leyenda del kobyz

El joven kazajo Korkut nunca quiso obedecer a la muerte y siempre tocaba su kobyz, sentado sobre una manta de piel de camello ,enmedio de un río.
Mientras tocaba su kobyz, la muerte no podía llegar a alcanzarle. Los sonidos de su kobyz eran tan fuertes y hermosos que lo oían los nómadas que viajaban a siete días de distancia de las orillas de Syr Darya. Sus sonidos sumergían a los nómadas en un mundo de belleza y armonía.

Una vez, cuarenta muchachas kazajas, escucharon el mágico sonido del kobyz desde los pueblos de Saryarka. La melodía se sumergió en el alma de las muchachas, que sin darse cuenta, detuvieron su camino y se olvidaron de quienes eran, atrapadas por el irresistible deseo de llegar al origen de aquel sonido. Sin conocer el camino, se perdieron en la estepas sin vida. Con la ropa sucia, los zapatos rotos, pronto se quedaron sin comida ni agua, acosadas por la sed en las áridas estepas de Betpak Dala. Pero el sonido del kobyz les hacía sacar fuerzas y seguir caminando.

El hambre y la sed dejaron morir en el camino a treinta y nueve de las muchachas y sólo una, logró llegar a las orillas de Syr Darya. Su garganta estaba seca, sus piernas llenas de llagas, pero pudo llegar hasta Korkut y al verlo se desmayó, extenuada por el largo camino.

Korkut la llevó a su casa, le dio comida y bebida y comenzó a preguntarle quien era y de qué tierras venía. Se sorprendió mucho al saber que las muchachas fueron cuarenta y no sólo una, atraídas por la bella y triste melodía llamada "saryn".

Y hasta ahora en las estepas de Saryarka, al pie de las montañas de Alatau, se encuentra el lugar llamado Kyuya Sarin, " el lugar donde se originó la música"
La tumba de la muchacha, que se convirtió en esposa de Korkut, está situada en el lado norte del río Syr Darya y los kazajos lo llaman "el mausoleo de la muchacha".
En el lado oeste, llamado Aris, hay un lugar llamado Kalgan Kiz, " el lugar de las muchachas".

En este árido lugar de la estepa no vuelan los pájaros, ni lo recorren las bestias salvajes.
Desde tiempos antiguos, las arenas del desierto almacenan en su memoria la historia de nuestros antepasados kazajos.